Saturday, March 10, 2007

Sobre las ruinas jesuiticas de Misiones

En la Argentina, siempre se ignora a los más capaces
Por Carmen María Ramos Sábado La Nacion: 10 de marzo de 2007
Lo afirma Darko Sustersic, historiador del arte y director del Instituto Payró
“La pobreza endémica de la mayoría de los países sudamericanos contrasta con la riqueza de sus patrimonios culturales”, dice Darko Sustersic, doctor en Historia del Arte y director del Instituto de Historia y Teoría del Arte Julio E. Payró, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Para Sustersic, ese patrimonio va disminuyendo rápidamente, por tres motivos: los robos, las ventas y transacciones que mantienen constante un flujo de bienes patrimoniales hacia el exterior y las restauraciones que se hacen en forma improvisada. De hablar pausado, pero con una convicción contagiosa, este especialista en arte jesuítico guaraní, de origen esloveno, se lamenta de que la excelente formación de los investigadores argentinos no pueda trascender. “En la Argentina, se ignora a los más capaces. Todo queda en manos de funcionarios que deciden según sus propios intereses políticos y económicos”, dice. Habla de lo suyo, de su área específica, pero lo que dice podría aplicarse también a muchas otras.
"En lugar de acudir a los concursos, se pone al pariente, al amigo, al «hombre de confianza»", dice Sustersic, Foto: Mauro Alfieri
En lugar de acudir a los concursos, se pone al pariente, al amigo, al «hombre de confianza»", dice SustersicFoto: Mauro Alfieri“¿Cuántos especialistas son consultados desde las altas esferas a la hora de tomar decisiones basadas en el conocimiento científico con relación a nuestro arte y a nuestro patrimonio artístico y arquitectónico? Me pregunto para qué el Estado nacional gasta fortunas en mantener estructuras de investigadores en el Conicet si a la hora de las decisiones no se los convoca. Es una inversión inútil y ociosa", se lamenta. Sustersic, nacionalizado argentino y puntano por adopción, es director de la maestría sobre cultura jesuítica guaraní en la Facultad de Arte de Oberá (Universidad Nacional de Misiones), profesor consulto en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires e investigador principal del Conicet. Es autor de numerosas publicaciones dedicadas al arte jesuítico guaraní, al Paraguay colonial de los siglos XVII y XVIII, y a la imaginería misional. -¿Por qué se ignora a los que saben, en su área, a los que estudian los temas del patrimonio? -Porque la Argentina funciona de este modo. Aun en los puestos técnicos, la mayoría de las veces, en lugar de acudir a los concursos de antecedentes, se pone al pariente, al amigo, al "hombre de confianza". Después, los errores y los déficits que se generan los pagamos todos. Hace años, la Comisión Nacional de Monumentos y Sitios Históricos pidió al Conicet un experto en San Ignacio Miní y me designaron a mí. Después, esas ruinas pasaron a la administración de la provincia de Misiones y nunca más me llamaron. En la época de Menem, nos decían que el Estado no sabía administrar. Se descentralizó y se privatizó todo. En el caso de las ruinas jesuíticas de Misiones, se consideró que tenía que manejarlas gente del lugar. La idea no es mala, pero a los lugareños tampoco los convocan. Allí yo dirijo una maestría sobre el tema, pero jamás acudieron a nuestros alumnos ni a nuestros graduados. Es difícil comprender por qué los funcionarios no se apoyan en la gente más capaz y preparada en cada tema, sobre todo cuando se trata de cuestiones delicadas. Un ejemplo es el del doctor Ernesto Meader, investigador superior del Conicet y miembro de la Academia Nacional de Historia, una figura de consulta imprescindible en temas de antropología guaraní. Los europeos lo consultan sistemáticamente. Sin embargo, Meader ignora que existe un nuevo proyecto de Centro de Interpretación en las Ruinas de San Ignacio Miní. Es incomprensible que la gente que ha estudiado años estos temas no sea consultada. Así se producen daños irreparables. -¿Cuál es su opinión sobre lo que se está haciendo en San Ignacio Miní? -Allí no hubo un plan de edificación. Se ha permitido levantar edificios de cuatro pisos. Usted está en medio de las ruinas y se siente como ante esas iglesias góticas en medio de los rascacielos de Nueva York. Se ha perdido el entorno natural, tema lamentable de los últimos años. Hace 25 años era muy distinto, pero se considera que cualquier cosa que se haga es progreso. Ahora se suma el problema de que en las ruinas, sobre los cimientos de antiguas casas de los indios, se está por construir un auditorio. Hay una partida del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para eso. La partida es para usar con la condición de que las obras se hagan dentro del predio, y como el predio es muy chico, todo lo que se haga, inevitablemente, estará encima de los restos arqueológicos. Ahora bien: ¿hay que aprovechar a la fuerza ese dinero, si viene con esas condiciones? -¿Cómo cuidan la herencia jesuítica guaraní los tres países que la comparten? -La Argentina se caracteriza por tener los mejores investigadores, pero esta visión teórica no se corresponde con la realidad. Los investigadores no tienen la oportunidad de intervenir en temas de conservación del patrimonio. Es como si los hospitales públicos formaran a los mejores médicos y después, a la hora de curar a los pacientes, se convocara a curanderos. Es un disparate, pero así es la Argentina. Cualquier político o funcionario del momento con un poco de poder es el que organiza y dictamina sobre todo. -¿Y del lado brasileño? -San Miguel, en Brasil, es la única misión donde se pueden exhibir ruinas completas de un templo. Para eliminar la contaminación visual y darles un mayor entorno de naturaleza, han volteado todas las construcciones que obstruían el panorama, incluso la casa parroquial, sin aportes del gobierno federal. Los fondos salieron del gobierno municipal, porque los vecinos saben que el destino del pueblo está íntimamente ligado a ese valioso patrimonio. Usted está en la iglesia y ve sólo selva. En la Argentina, en cambio, al llegar a la misión de Santa Ana se pasa por inmensos galpones con carteles de una marca de yerba mate. El municipio, contrariando normas de la Unesco -las misiones son patrimonio de la humanidad- lo permitió. Dicen que es fuente de trabajo. Pero ¡si trabajan muy pocas personas! Lo manejan todo a control remoto. Usted entra, recorre y sale de las ruinas con esos cartelones en la frente. Ni siquiera lo quieren camuflar o disimular. No: quieren que se vea bien. -¿Hay conciencia en nuestro país de que mantener el carácter original de los conjuntos arquitectónicos y urbanísticos de valor patrimonial es un factor de atracción turística y, por lo tanto, fuente de trabajo, de crecimiento y de desarrollo? -Diría que no, atento a los ejemplos que venimos dando. Acá nos quedamos en el blablablá. En Paraguay se está trabajando para centralizar en un organismo nacional todo el tema de conservación y de las restauraciones, con las que se han hecho verdaderas atrocidades. Acá no tenemos nada de eso. Todo se descentralizó y hay jurisdicciones que se superponen. El Centro de Interpretación de San Ignacio Miní está en la órbita de la Secretaría de Cultura de la Nación, pero el proyecto de la construcción del auditorio lo maneja la provincia de Misiones, y se dice que allí habría intereses de empresas constructoras ligadas al gobierno provincial. Es la historia de siempre: seguramente, en el país hay normas, hay gente idónea, pero a la hora de la verdad, un puñado de personas termina decidiendo todo según sus propios intereses políticos o económicos. -¿Los atentados contra el patrimonio provienen a veces de supuestos expertos no demasiado idóneos? -Yo creo que ése es un peligro cierto, sobre todo cuando hay dinero en juego. Para los temas de restauración, por ejemplo. Según el eminente profesor y académico Héctor Schenone, los subsidios para este tipo de tareas pueden ser causa de los mayores desastres. Y yo he comprobado que tiene razón. La codicia por captar fondos de fundaciones u organismos internacionales, o por no perderlos, atrae a gente no siempre capacitada. -¿Cómo luchar contra la ignorancia en temas de conservación? -Formando a los nuevos políticos y a los educadores; mostrándoles a los restauradores europeos que aquí hay una gran cultura y un arte propio, y que si no lo conocen ni comprenden, será mejor que se abstengan de tocarlo. En el caso de los coleccionistas o particulares poseedores de obras de arte, su propio ojo, más o menos experto, cumple con las funciones de control necesario para proteger las piezas de su colección, adquiridas, a veces, con mucho sacrificio. Pero en el caso de un museo, donde no hay un dueño que vigile, el peligro de una mala intervención es mucho mayor. Yo acepté dirigir el Instituto Payró porque es un lugar de excelencia, donde se hace investigación de base. Creo que puedo hacer un aporte.
Si no, honestamente, estaría cuidando chivos en mi campito de San Luis, que me encanta...

Link permanente: http://www.lanacion.com.ar/890152

1 comment:

Paco Sanchez said...

Hola:
Me parecio muy interesante este artículo en especial; soy estudiante de museología. Interesante pues me recuerda lo controversia que surgió el año pasado en el ENCUENTRO DE ESTUDIANTES Y GRADUADOS EN MUSEOLOGIA que se realizo en salta, respecto a la labor de los especialistas en museos.
Admiro tu formalidad que refleja tu blog, muy bueno.
Saludos.
Paco Sanchez.
http://museologiaalpalo.wordpress.com